Incentivar la expresión creadora en la fotografía: Annemarie Heinrich

Annemarie Heinrich, fue una consagrada artista Argentina, nacida en  Alemania, pero radicada desde la adolescencia en este país latinoamericano, destacada por su singular manera de fotografiar, entre sus trabajos se destacan los retratos y desnudos, e igualmente su mirada critica frente al arte y a la fotografía que expresaba a través de sus escritos. Fundadora del Foto Club Argentino.

El siguiente texto fue escrito en 1951 para el Boletín de Foto Cine Clube Bandeirante de San Pablo y tomado de la antología 1925-1970 “Escribiendo sobre fotografía en America Latina” de José Antonio Navarrete. 

El arte fotográfico vive hoy un momento que es denominado, por algunos, de espera y, por otros, de transición, no pudiendo ocultar que sea, en realidad, de crisis. Al intenso y extenso progreso de la expresión creadora alcanzada por la fotografía, entre la primera y la Segunda Guerra Mundial, en virtud, principalmente, de los numerosos aportes de los que se podría llamar el genio o espíritu europeo, se incorporó seguidamente consecuente y complementariamente un rápido y notable desarrollo de aportes técnicos obtenidos también, y sin duda, por la activa requisición de las industrias y las ciencias que veían en el nuevo proceso un complemento de valor inapreciable. Esta superación en la eficiencia del “service” fotográfico se extendió, en mayor escala, en los Estados Unidos y no fue ajeno a esta la “época de oro” de su cine.

De forma contraria, en todas partes se percibe hoy un notorio estancamiento o retroceso en el nivel de expresión, en las investigaciones y en la creación, por mucho que se le disimule bajo una técnica brillante, y una desorientación general sobre las posibles salidas, más allá de lo que las investigaciones técnicas permanezcan paralizadas en todo aquello que ya se conocía. De nuestra parte, podríamos decir que se perciben en el mundo dos líneas de producción en las cuales los adeptos a la fotografía han trabajado pacientemente y laboriosamente, sin sobresalir mucho. Una de ellas es el sector llamado americano, volcado predominantemente al exterior, a la nota pintoresca o curiosa, a lo espectacular a lo decorativo, a la sensación y a lo vistoso; la otra es la del  campo europeo especialmente, esperándose en las gamas, la riqueza de la materia, en el enfoque más preciso y definido y en el encuadre más perfecto, geométrico, de lo que fuera fotografiado. El espíritu creador, salvo muy raramente, ¡se encuentra ausente en ambas tendencias!

Photo-Notes, órgano oficial de Photo League americana, en su edición de 1950 denunciando los diferentes aspectos del fenómeno en su país, entre los cuales se encuentra la “falta de fantasía”, “pereza de imaginar”, “exceso de comercialismo”, expresa que no hay un significado, que hay una ausencia “en la búsqueda de un contenido consciente, manifestado por el fotógrafo a través de una visión del propio mundo interior”. La revista Fotografía (Milán septiembre- octubre de 1950) intenta ampliar la investigación cuando al señalar “la decadencia de una forma que quiere definirse convencionalmente como en impersona” atribuye el hecho al “desinterés de las nuevas generaciones por todo lo que es arte”. Un excelente álbum suizo (Photo 49), a su vez, destaca en sus palabras de presentación lo que las fotografías incluidas después confirman la “nueva fotografía” se valora por “su objetividad, el sentido de las cosas materiales más que los valores de las humanos, el gusto por la técnica y precisión de los dentalles, la riqueza de la sustancia, la luz modelando los objetos”, etcétera. (Quiere esto decir que además de volver un mérito una desviación  fundamental como la que significa la subestimación o el desinterés de los valores humanos, la “nueva fotografía” se transporta con su producción hacia un pasado lejano en la historia, cuando el proceso fotográfico se esforzaba por mejorar su etapa inicial de copiado y reproducción. Y esto, precisamente en un momento en que, más que nunca antes, podemos contar con un riquísimo patrimonio artístico heredado de nuestros precursores y cuando más y mejores son la cantidad y la cualidad de los recursos, conocimientos, complementos, escuelas y posibilidades logradas por nuestra especialidad y su prodigiosa técnica.

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* Desnudo – © Annemarie Heinrich

Se debería indagar, de forma natural, a qué debe esto; si realmente existe ese “desinterés de las nuevas generaciones por todo lo que es arte” expresado por la fotografía de Milán y cuáles fueron o son esos actores que según Photo Notes, llevaron y llevan a los eruditos de la fotografía en Estados Unidos a huir de sí mismo, a dejar de lado la búsqueda de los significados, etcétera. Conocer las causas de un mal constituyente, sin duda, una mejor posición, crítica o terapéutica, que hablar y registrar sus síntomas.

Sin embargo, es posible encontrar mucha similitud entre ese momento de la fotografía y aquel que sufrió, en su época, el viejo impresionismo pictórico. Y por semejantes, sobre todo por la experiencia que nos transmite y porque nos permite la obtención de elementos constructivos, me parece oportuno dar unos de los ejemplos: los primeros rebeldes del impresionismo, que se quejaban por este “era una parte pasivos, en el  cual el artista reflejaba únicamente las vibraciones de su impresión”, deseaba librarse de él por medio de un “arte activo, transmisor en vez de receptor, que creara dinámica y a priori”( haunsenstein, “Un siglo de evolución artistica,”). El impresionismo, regido hasta ese momento por el objeto, debía ser reemplazado por un trabajo de fondo y forma en el cual reinará completamente el tema. El que estaba conectado predominantemente con el paisaje y la naturaleza muerta no destacaba ningún detalle, huía de las grandes acciones, prefería los juegos de luz a los valores humanos, todas las partes, inclusive las figuras y los fondos, aparecieron en el conjunto nivelados por la “impresión” global, por un estilo que era anterior y obligaba a una sistémica factura de escuela; mientras que el nuevo arte que se proponían los rebeldes y que con el pasar del tiempo nos daría el expresionismo, inclusive con sus excesos, iba a subrayar los detalles y caracteres, exasperando las formas, el sentido y el color para proyectarlos en un significado cien por ciento sobresaliente en el conjunto, hasta alcanzar una aguda e hiperestesiada expresión.  El espíritu creador en suma debía tomar su lugar en la obra enfrente del copismo, de la reproducción y la repetición formal y sensual al infinito.

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*Annemarie Heinrich

La fotografía también debe hacerlo y, por supuesto, va a lograrlo.

Se entiende que el primer concepto que se debe revisar es el de los valores humanos: ningún arte será jamas importante si no los tiene en primer plano y desde sus fundamentos. Leyes históricas, también, nos afirman que, tarde o temprano, los infelices factores que perturban el progreso serán eliminados, entre los cuales se debe contar aquel que produce lo que parece “desinterés de los jóvenes por todo lo que es arte”. Por lo tanto, se deberán buscar todos los significados de las cosas, de los seres, de la vida, sin limitaciones, sin temblores: los medios estéticos, además de difundir sus conocimiento y su satisfacción en cada individuo, enriquecerán la sensibilidad y el desarrollo general. Y, al final, se deberán usar todos los recursos técnicos para expresar, sugerir, hacer, intuir, aún para aquello que no haya posibilidad de lenguaje, no digo solo fotográfico, sino también verbal. El fotomontaje, las sobreimpresiones, la solarización, los objetos especiales, los filtros y la ampliadora, usados con sabiduría, audacia, y modificados, serán también eficaces complementos. Sin embargo, cabe señalar que lo más importante es,  evidentemente, la conciencia siempre alerta de la vida.

Se puede percibir que incluso las fotografías menos maleables, para los fines de la creación, como son las de actualidad, las notas para reportajes, las experiencias científicas, investigaciones en sectores inesperados pueden gozar de ese “activismo” (una muestra de ello también en el campo de la creación nos ha sido dada por algunos nuevos italianos, a los que podríamos llamar, por extensión de su cine, neorrealistas). Es posible, al fin,  que el propio paisaje y la naturaleza muerta pueden ser tratados especulativamente, dinamización y llevados a una expresividad superior, mediante la combinación de recursos técnicos y la voluntad interesada del espíritu investigador.

Junto a estas líneas hay cinco fotografías obtenidas mediante el simple uso de un fácil recurso, el de la sobreimpresión sobre una misma lámina. A través de ellas sin sobreestimar su valor, naturalmente, podemos vislumbrar el inmenso campo abierto a nuestras posibilidades de producción, solamente agregándole, el riquísimo artesanal de medios y materiales con los que cuenta hoy la  fotografía, las ganas de expresar “algo más”. 

Annemarie Heinrich

* Las fotografías aquí expuestas no hicieron parte de la publicación original.
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